Bueno, aquí va EL post, y lo escribo en mayúsculas por varios motivos: primero, porque ha sido el momento en mayúsculas de mi vida, sin duda alguna. Y segundo porqué creo que es necesario empezar a hablar en voz alta de estos temas!
Y sólo me faltó que me lo pidieras así que aquí estoy.
Y sólo me faltó que me lo pidieras así que aquí estoy.
Antes de nada deciros que este post he tardado muchísimo en escribirlo. Primero empecé con algunas notas en el móvil, después un borrador... Lo he escrito en varios días para no dejar que la situación del momento hiciera que fuera demasiado positivo y poco realista, o demasiado deprimente y poco realista igual! Lo que os digo, que hay veces que las hormonas se hacen dueñas de mi día!
¿Por dónde empezar? Pues por el principio, cuando te ponen a tu hija encima. Antes de nada decir que yo creo que fui una happyflower. Tuve un embarazo genial, un parto estupendo, me encontré maravillosamente bien siempre, hasta el momento en que Valentina decidió salir (salir y todo lo demás, porque si una cosa me ha enseñado YA la maternidad es que ella decide todo: des de el momento en que mi pareja y yo decidimos que queríamos ser padres: ella decidió qué mes llegar, cuando nacer, cuándo dormir, cúando comer...ahora además decide cuando lo hacemos ella y nosotros! bueno, no me quiero ir por las ramas que esto da para otro post).
Pues bien, durante tooooodo el embarazo el 99% de tus pensamientos están relacionados con todas las cosas que harás con tu bebé, todas preciosas. Que si cuando estemos los tres juntitos en la cama, cuando le esté alimentando con mi pecho tranquilamente en el sofá, cuando le pongamos esa ropita que le hemos comprado, cuando la llevemos por primera vez al pueblo... Alguna vez, rara, te imaginas como serán las noches en vela, que no se coja al pecho, el dolor inhumano de las grietas en el pezón... Te lo imaginas poco, para que engañarnos. Pero es que no es solo esto. Hay mucho más.
Lo fuerte es que de esto no habla nadie, o casi nadie. A mi me lo dijo mi comadrona, me puso en alerta, pero aún así pensé: "qué exagerada, seguro que no es para tanto..." Jajajaja! es para tanto y más. Yo supongo que debe de ser un mecanismo de defensa para que no nos extingamos, igual que la pérdida de memoria de los primeros meses, sino, ¿quién demonios repetiría?
Bueno claro! Hay algunas afortunadas (un 2% de la población - me invento los porcentajes completamente); que tienen la GRAN suerte de tener niñ@s tranquilos, que se quedan tranquilitos en su cuco, que se agarran súper bien al pecho y no duele para nada y que duermen del tirón 7 horas seguidas. Bien, yo creo que mienten. Es imposible, aquí hay un dicho que dice: "quien no tiene un ajo tiene una cebolla" Y yo creo que la mía tenía de todo y cargadita.
Una gran amiga mía y super mami, me pasó un POST de una blogger que me dejó completamente en shock. Aquello que leía, aquella chica... era YO!! me sentía súper identificada y pensé: ¿porqué no habré leído esto yo antes? Así que lo comparto con vosotras, embarazadas o futuras embarazadas para que no os pasé lo que a mí. Leedlo! Está en catalán, pero seguro que con Google lo podéis traducir sin problemas, creedme, vale la pena:
Yo me quedó con este párrafo:
" Porque nadie te explica que los bebés quieren contacto permanente, que entre toma y toma quieren dormir, pero encima tuyo, no en ese cuco tan bonito que tienes en el comedor y que seguramente se quedará nuevo a estrenar. Nadie te explica que irás con las camisetas llenas de leche cuajada, que no tendrás tiempo de peinarte, que mientras te duches escucharás llorar a tu hijo i pararás el agua pero no sentirás nada... que nadie te llamará para quedar y hacer un café, que las horas pasaran lentas, entre cambios de pañal y vomitadas, que las noches pasaran de hora en hora, intermitentes... [...] y no podrás salir, y la casa se te hará pequeña i tu también te sentirás pequeña... que nadie te explica que las ganas de sexo no vuelven al cabo de 40 días, ni de 90 ni de 120..."
Pero para mi, lo más duro, más duro no fueron los males físicos, ya que yo me recuperé súper bien del parto, sin puntos ni nada. Tampoco fue la falta de sueño o el dolor de espalda de estar de pie con la niña en brazos, o la mala postura que se te quedaba cuando por fin la niña se había dormido...
Para mi lo más duro fue el estado emocional. Al parir, me quedé como flotando y rebotando entre miles de emociones que no sabía gestionar. Me sentía como una pelota de esas maquinas que van rebotando de un sitio para otro y no saben dónde cogerse o dónde refugiarse.
Me aparecieron muchísimos miedos e inseguridades que no me creía que fuera a tener. Por todo, miedos irracionales, por si vomitaba, por si no se dormía, por si no se despertaba, por si se despertaba, por si tenía hambre y se me acababa la leche, por si llegaba la noche y pasaban las horas y no se calmaba, por si se ponía enferma. Tenía miedo de salir a la calle por si se despertaba, por si le entraba el hambre... Vamos que nuestros primeros días los paseos los dábamos en un radio de 300 metros no fuera a despertarse la niña y tuviéramos que correr para casa a consolarla.
Tenía miedo de cómo iba a cambiar mi vida. De un día para otro se había convertido en un bucle de dar el pecho, cambiarla y dormirla, y muchas veces se solapaban una cosa con la otra. Tenía miedo de no saber gestionar este cambio, de no saber hasta cuándo dudaría, y lo peor, no estas disfrutando plenamente de ello me hacia sentir muy mal, muy mala madre... Porque éste es otro de los grandes tabús de nuestra sociedad, porque se supone que después de parir tienes que estar como la chica del anuncio de dodot o de la leche preparada, estupenda, peinada y maquillada, con el tipazo recuperado, sonriendo con tu bebé tranquilo y calmado en brazos, pero es que la realidad después de parir no es esta amigas!
Tenía miedo de cómo iba a cambiar nuestra relación como pareja. De un día para otro habíamos pasado de estar siempre juntos, abrazados, tumbados en el sofá, yendo a la compra juntos, cocinando, hablando, riéndonos, viendo pelis, buscando mil planes; a estar juntos en una misma habitación pero centrados en algo que desconocíamos por completo, saturados, mirándonos con una cara de: "¿qué hacemos? ¿sabremos hacerlo?" ¿Aguantará este cambio, este cataclismo, nuestra relación? ¿Conseguiremos recolocar las piezas para encontrar nuestros momentos y aceptar que ahora nuestra relación a cambiado? ¿Tendremos suficiente con esto?
Nunca en mi vida había escuchado una frase que ahora, todas las mamis me repiten "tranquila, todo pasa". Y es verdad, todo pasa. Después de casi dos meses miro atrás y veo que hemos pasado por ello, que lo hemos superado, que se han ido los miedos irracionales, que poco a poco todas las piezas se van poniendo en un nuevo lugar, que todos nos vamos recolocando en esta nueva situación, pero en la maternidad todo va muy lento.
Agradezco muchísimo el apoyo que he recibido por parte de las mamis 2.0 en Instagram, nunca me hubiera imaginado que esto me daría energías. Levantarme después de una noche horrible y tener un mensaje que ponga:" ánimo mami, lo estás haciendo genial!" "la mastitis duele un montón, tranquila en dos días se supera" "es normal que te sientas así, a mi también me pasaba"
Creo que hace falta más tribu, más que las madres nos apoyemos las unas a las otras, que hablemos, que no tengamos miedo de decir lo que realmente pensamos. Claro que estamos contentas, felices y emocionadas con nuestro bebé, pero joder, es que hay momentos muy duros! Y necesitamos hablarlo! Hablarlo sin sentirnos juzgadas! Por que si una cosa tiene la maternidad es que te sientes muy sola; y si además te pasa como a mi de que tienes la suerte/desgracia de tener una madre joven, que trabaja y no puede ayudarte, habrá días que comerás galletas para comer, que estarás deseando que llegue tu marido para poder hacer el pís el día, que no podrás tomarte el antibiótico para la mastitis porque por fin tu hija se ha dormido pero encima tuyo... Y en esos momentos agradecerás las visitas, pero esas que vienen a ayudar, a poner lavadoras, que vienen con un tupper en la mano y no con bombones, que te dicen: dame a la niña y date una ducha, y no.. dame a la niña así tu puedes recoger, que te pasan la escoba o te preparan un café. Yo ahora lo sé, antes no, porque nadie me lo había dicho, así que madres del mundo HABLAD! Contad la verdad y las que todavía no sois mamás pero tenéis amigas con bebés ya sabéis qué hacer cuándo vayáis a verlas!
Y hoy también quería explicaros la última aventura a la que me he sumado en Instagram, junto con tres súper mamis: @sandraholmes, @decolorvintage y @proyectohelade. Juntas hemos creado la cuenta de @deliriosdemamapanda! Todo esto surge a raíz de nuestras fotos mañaneras explicando nuestras noches toledanas y nuestras ojeras al más puro estilo de mama panda. Queremos hacer tribu y escuchatrnos, no sentirnos solas y sacar el toque de humor a esta maternidad que a veces nos agota.
Así es que os animamos a seguirnos, a formar parte de la manada de las #mamapanda y a compatir vuestras fotos e historias siguiendo los retos que cada mes os propondremos!
Y hoy también quería explicaros la última aventura a la que me he sumado en Instagram, junto con tres súper mamis: @sandraholmes, @decolorvintage y @proyectohelade. Juntas hemos creado la cuenta de @deliriosdemamapanda! Todo esto surge a raíz de nuestras fotos mañaneras explicando nuestras noches toledanas y nuestras ojeras al más puro estilo de mama panda. Queremos hacer tribu y escuchatrnos, no sentirnos solas y sacar el toque de humor a esta maternidad que a veces nos agota.
Así es que os animamos a seguirnos, a formar parte de la manada de las #mamapanda y a compatir vuestras fotos e historias siguiendo los retos que cada mes os propondremos!
Bien me he alargado mucho más de lo que me hubiera gustado, así que me despido por hoy, no sin antes dejaros con una reflexión que me hizo una gran amiga, mami y comadrona.
" La vida es como una autopista. Algunos conducen un ferrari y otros un citroen, pero todos vamos más a o menos a la misma velocidad. Pero cuando tienes un hijo, tu coche se convierte en una carreta tirada por burros; y sigues en esa autopista, pero en el arcén, despacito, en tu carretilla, viendo al resto de la gente pasar. Hay que disfrutar de este cambio, ser consciente de ello y amarlo, sabiendo que un día volveremos a estar dentro del coche y regresaremos a la autopista".
Muchas gracias por leerme! Espero que os haya gustado! Y si algún día nos cruzamos por la autopista de la vida y me veis con mi carretilla y mi pequeña no os olvidéis de tirarnos un tupper!! Lo de la comida lo llevamos fatal! Un beso!
